La Mujer y el Hiÿâb

La Mujer y el Hiÿâb

El término "hiÿâb" lingüísticamente significa "cubierta". Hiÿâb en el Islam significa "vestido que cubre el cuerpo de la mujer". El Islam le ordenó a la mujer cubrir su cuerpo por completo y protegerse de la vista de los hombres que no son mahram.[13]

La obligatoriedad del hiÿâb está basada en aleyas coránicas y narraciones. Aquí mencionamos únicamente tres aleyas:
Primera aleya

Dios, Altísimo sea, en el Sagrado Corán dice:

 قُلْ لِلْمُؤْمِنِينَ يَغُضُّوا مِنْ أَبْصارِهِمْ وَ يَحْفَظُوا فُرُوجَهُمْ ذلِكَ أَزْكى لَهُمْ إِنَّ اللَّهَ خَبِيرٌ بِما يَصْنَعُونَ * وَ قُلْ لِلْمُؤْمِناتِ يَغْضُضْنَ مِنْ أَبْصارِهِنَّ وَ يَحْفَظْنَ فُرُوجَهُنَّ وَ لا يُبْدِينَ زِينَتَهُنَّ إِلاَّ ما ظَهَرَ مِنْها وَ لْيَضْرِبْنَ بِخُمُرِهِنَّ عَلى جُيُوبِهِنَّ وَ لا يُبْدِينَ زِينَتَهُنَّ إِلاَّ لِبُعُولَتِهِنَّ أَوْ آبائِهِنَّ أَوْ آباءِ بُعُولَتِهِنَّ أَوْ أَبْنائِهِنَّ أَوْ أَبْناءِ بُعُولَتِهِنَّ أَوْ إِخْوانِهِنَّ أَوْ بَنِي إِخْوانِهِنَّ أَوْ بَنِي أَخَواتِهِنَّ أَوْ نِسائِهِنَّ أَوْ ما مَلَكَتْ أَيْمانُهُنَّ أَوِ التَّابِعِينَ غَيْرِ أُولِي الإِْرْبَةِ مِنَ الرِّجالِ أَوِ الطِّفْلِ الَّذِينَ لَمْ يَظْهَرُوا عَلى عَوْراتِ النِّساءِ وَ لا يَضْرِبْنَ بِأَرْجُلِهِنَّ لِيُعْلَمَ ما يُخْفِينَ مِنْ زِينَتِهِنَّ وَ تُوبُوا إِلَى اللَّهِ جَمِيعاً أَيُّهَا الْمُؤْمِنُونَ لَعَلَّكُمْ تُفْلِحُونَ

«¡Oh, Mensajero! Di a los creyentes que bajen la vista con recato y guarden sus partes privadas. Eso es más correcto para ellos. Dios está bien informado de lo que hacen. * Y di a las creyentes que bajen la vista con recato, que sean castas y no muestren más adorno que los que están a la vista, que cubran su escote con el velo y no exhiban sus adornos sino a sus esposos, a sus padres, a sus suegros, a sus propios hijos, a sus hijastros, a sus hermanos, a sus sobrinos carnales, a sus mujeres, a sus esclavas, a sus criados varones fríos, a los niños que no saben aún de las partes femeninas. Que no batan ellas con sus pies de modo que se descubran sus adornos ocultos. ¡Volveos todos a Dios, creyentes! Quizás, así, prosperéis». (24:30-31)

La aleya anterior fue revelada para el hiÿâb de la mujer, y señaló un asunto que necesita de explicación e interpretación:

Al inicio de la aleya pide a los hombres y mujeres creyentes que bajen sus miradas y no se miren fijamente.

El vocablo "gad" lingüísticamente significa "bajar" y "cerrar". "Gad basar" significa "acortar la mirada" y "no mirar fijamente". En ocasiones el ser humano mira a otro pero su mirada carece de intención, en otras ocasiones mira con placer, a lo que se le llama "mirar fijamente". Las segundas miradas con placer llevan al ser humano, sea hombre o mujer, a la corrupción. Éstas son las miradas que se han prohibido. Las miradas permitidas son aquellas que no tienen placer, ya que son parte de los medios de las relaciones en la vida y en la sociedad.

Después de esto recomienda a las mujeres y hombres que cuiden sus partes privadas. El propósito de "cuidar de sus partes privadas" es tratar de cuidar su castidad evitando las miradas fijas, o sea bajando las miradas y respetando el hiÿâb.

Entonces dice a las mujeres: «…y no muestren más adorno que los que están a la vista…».

"Adorno" bajo el significado de cualquier medio de embellecimiento. Adornos que no son parte del cuerpo tales como, aretes, collares, anillos, prendedores, pulseras, vestidos hermosos y adornos que se adhieren al cuerpo tales como el surmah o colirio, esmalte de uñas, tinte para las manos y los pies (como la henna) y el tinte del cabello. La aleya que estamos tratando menciona estos dos tipos de adornos. A las mujeres se les ha recomendado que no muestren ninguno de sus adornos a los hombres que no son mahram, y por este medio evitar llamar la atención del hombre e incitar sus instintos sexuales.

Después de esto con la frase «los que están a la vista» permite a las mujeres no cubrir sus adornos que están a la vista en forma natural tales como el surmah, color de las cejas, manos teñidas de henna o alheña[14], color del velo, gabardina y zapatos. Las mujeres ya que forman parte de la sociedad y tienen obligaciones dentro de ésta naturalmente son miradas por hombres a la cara, manos y adornos externos, y cubrirlos es un asunto difícil que puede ser incomodo. Por ello se les ha permitido realizar sus obligaciones sin cubrir estas partes.

En algunas narraciones se ha interpretado también los adornos externos mencionados en la aleya con ese mismo significado.

Zarrârah relata del Imâm As-Sâdiq (P) respecto a la interpretación de las palabras de Dios, Honorado y Glorificado sea, que dijo:

"Los adornos externos son el surmah y el anillo".[15]

Abu Basîr relata que preguntaron al Imâm As-Sâdiq (P), respecto a la interpretación de la aleya:

«…y no muestren más adorno que los que están a la vista…». Éste respondió: "Los adornos externos son el anillo y las pulseras".[16]

Entonces continuando su interpretación del hiÿâb dice: "jumur" es el plural de "jimâr" y significa pañuelo o velo largo. "Ÿuîûb" es el plural de "ÿaîb" que significa "cuello" y "escote" del vestido.

Dicen que las mujeres en la época del Mensajero del Islam (BP) utilizaban vestidos escotados que dejaban ver parte de su busto. Así también echaban sus pañuelos hacia atrás dejando las orejas a la vista. En conclusión se veían las orejas, los aretes, el cuello y parte de sus escotes. Esta aleya ordena a las mujeres que coloquen sus pañuelos por delante y tapando sus cuellos y escotes, para que cubran todas estas partes.

Tabarsî en la exégesis de esta aleya dice:

"El vocablo "jumur" es el plural de "jimâr" y significa pañuelo o velo que cubre el cuello y escote. La aleya ordena a las mujeres que coloquen sus pañuelos hacia adelante para cubrir el cuello y también el pecho, ya que antes lo echaban hacia atrás de las orejas y como resultado se veía el escote".[17]

A continuación de la aleya «Que no batan ellas con sus pies de modo que se descubran sus adornos ocultos», dice: para cumplir satisfactoriamente con la castidad y evitar las corrupciones sociales se les ha recomendado a las mujeres que cuando caminen no golpeen sus pies sobre el suelo, no sea que sus adornos hagan ruidos y lleguen a ser escuchados por los hombres no-íntimos, provocando en ellos incitación sexual y ocasionando problemas y pérdidas en la gente en general especialmente en los jóvenes y hombres solteros.

De esta aleya se deducen varios asuntos importantes morales e islámicos:

1.    Las mujeres y los hombres no-íntimos deberán evitar mirarse fijamente y con deseo;

2.    Las mujeres no deberán mostrar a los hombres no-íntimos sus adornos internos;

3.    Las mujeres tienen la obligación de colocar sus pañuelos y velos sobre su cabeza en tal forma que cubran por completo sus orejas, aretes o arracadas, cuello y escote;

4.    Se les ha recomendado a las mujeres que para cumplir mejor con la castidad general y prevenir las corrupciones éticas y morales, inclusive no golpeen sus pies al caminar, no sea que este ruido provoque descarrío en los hombres;

5.    No es obligatorio para las mujeres cubrir sus adornos externos.
Segunda aleya

Dios Todopoderoso en el Sagrado Corán dice:

يا أَيُّهَا النَّبِيُّ قُلْ لأَِزْواجِكَ وَ بَناتِكَ وَ نِساءِ الْمُؤْمِنِينَ يُدْنِينَ عَلَيْهِنَّ مِنْ جَلاَبِيبِهِنَّ ذلِكَ أَدْنى أَنْ يُعْرَفْنَ فَلا يُؤْذَيْنَ وَ كانَ اللَّهُ غَفُوراً رَحِيماً

«¡Oh, Mensajero! Di a tus esposas, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran con el manto. Es lo mejor para que se las distinga y no sean molestadas. Dios es Indulgente, Misericordioso». (33:59)

La enciclopedia describe al término "ÿalbâb" como ropa suelta que usan las mujeres o un manto sobre la ropa.

Râqib en su obra "Mufarradât" también describió a ÿalbâb como un vestido y una especie de toca.

En "Al Munaÿib" el vocablo ÿalbâb fue explicado también como vestido o ropa suelta.

Por lo tanto en la interpretación de la aleya puede decirse lo siguiente: "Di a las mujeres que confeccionen su ÿalbâb (pañuelos) ropas y mantas (que utilizaban sobre los vestidos) de telas baratas, o las usen en tal forma que cubra todo su cuerpo como, por ejemplo, sus escotes y cuellos, y los cubran de los ojos de los hombres no-íntimos. Si lo hacen serán conocidas por su pureza y castidad, no serán punto de atracción para los no-íntimos y nadie les molestará".

De la aleya se deduce que la mujer musulmana en la calle deberá vestir ropa decorosa, seria y sencilla. Y con ello evitar cualquier corrupción moral y social. Un comportamiento como éste es tanto a favor de las mujeres como de los jóvenes y hombres.
Tercera aleya

El Sagrado Corán dice:

يا نِساءَ النَّبِيِّ لَسْتُنَّ كَأَحَدٍ مِنَ النِّساءِ إِنِ اتَّقَيْتُنَّ فَلا تَخْضَعْنَ بِالْقَوْلِ فَيَطْمَعَ الَّذِي فِي قَلْبِهِ مَرَضٌ وَ قُلْنَ قَوْلاً مَعْرُوفاً * وَ قَرْنَ فِي بُيُوتِكُنَّ وَ لا تَبَرَّجْنَ تَبَرُّجَ الْجاهِلِيَّةِ الأُْولى

«¡Oh, esposas del Profeta! Vosotras no sois como ninguna otra mujer. Si teméis a Dios. Entonces no seáis tan complacientes en vuestras palabras que llegue a anhelaros el enfermo de corazón. ¡Hablad, más bien, como se debe! * ¡Quedaos en vuestras casas! ¡No exhibáis vuestras bellezas como lo hacían las mujeres de la época de la ignorancia!.».. (33:32-33)

En la aleya anterior se les hicieron tres recomendaciones a las mujeres:

1.    Cuando hablen no lo hagan con coquetería, ya que hablar con coquetería puede que excite el instinto sexual de algunos hombres.

2.    Sean amas de casa y quédense en sus casas

3.    Al igual que las mujeres en la época de la ignorancia no salgan de sus casas para exhibirse ante los hombres, sin cubrirse y para mostrar sus adornos y bellezas.

Aunque la aleya fue revelada para las esposas e hijas del Mensajero de Dios (BP) sus órdenes incumben a todas las mujeres.

Debemos aclarar que el propósito de «¡Quedaos en vuestras casas!», no es decir: "las esposas del Mensajero de Dios (BP) así como las demás mujeres tienen la obligación de quedarse en sus casa y nunca deben salir de éstas". Tal y como dijimos la mujer es miembro activo de la sociedad y tiene obligaciones que hacen necesario que salga de su casa. Las mujeres en la época del Profeta (BP) también salían de sus casas, se presentaban en las mezquitas. Escuchaban los sermones del Mensajero del Islam (BP) y realizaban preguntas religiosas. Inclusive muchas de las mujeres son transmisoras de narraciones y muchos transmisores han relatado narraciones de éstas. Ellas participaban en las guerras y cuidaban y curaban a los heridos. Las esposas del Mensajero (BP) también participaban en las guerras, pero no se les comisionaba para luchar.

El método del Mensajero de Dios (BP) y de sus compañeros cercanos no era mantener a las mujeres dentro de la casa. El propósito de esta aleya tampoco lo es, sino que se refiere a que a las mujeres les guste su hogar y su vida, y lo consideren como su lugar principal. Al igual que deberán tener interés en ser amas de casa, atender a sus hijos y esposo, y sentir obligación en estos casos, deberán evitar la ociosidad, pasear en las calles y ser irresponsables.
Los mahârim (Íntimos)

Los hombres respecto a las mujeres se dividen en dos grupos: mahram (íntimos) y los que no lo son.

Lo que dijimos respecto a las obligaciones del hiÿâb para las mujeres, es respecto a los hombres no-íntimos. Pero respetar el hiÿâb ante los mahram o íntimos no es obligatorio. Los hombres mahram son:

1. El padre, el abuelo y sus ascendentes;

2. El padre y los ascendentes de la madre;

3. El hermano, los hijos del hermano y descendientes;

4. Los hijos de la hermana, los hijos de éstos y sus descendientes;

5. El tío (paterno), el tío del tío y todos sus ascendentes;

6. El tío (materno), el tío del tío y todos sus ascendentes;

7. El esposo, el suegro y todos sus ascendentes;

8. El suegro, la suegra, los padres de éstos y todos sus ascendentes;

9. El hijastro, sus hijos y todos sus descendientes;

10.    El hijo, el nieto, los hijos del nieto y de la nieta, y todos sus descendientes;

11.    Los nietos varones de la hija e hijos varones del nieto y todos sus descendientes;

12.    El yerno, el yerno del yerno y todos sus descendientes.

Estas personas pueden verse sin necesidad de cubrir la cabeza, el cuello y el escote. Con la condición de que su mirar no sea con pasión ni deseo, de lo contrario las no-íntimas y niñas deberán cubrirse ante éstos. Si una mujer mira con placer a otra, o si un hombre mira con placer a otro, sus miradas son prohibidas.
El límite del Hiÿâb

La obligatoriedad del hiÿâb es uno de los mandatos definitivos del Islam y todos los jurisconsultos mantienen una opinión unánime.

Las mujeres tienen la obligación de cubrir sus cuerpos con velo largo, manto, vestido largo, gabardina, abrigo, pañuelo, toca y cualquier otra ropa que cubra todo su cuerpo ante los hombres que no son mahram. No existe razón alguna para obligarla a utilizar un tipo de ropa en especial.

No existe diferencia de opiniones en el principio de la obligación de utilizar el hiÿâb, no obstante, entre los jurisconsultos existe diferencia de opiniones respecto a tapar la cara y las dos manos hasta las muñecas.

Algunos de ellos consideran obligatorio cubrir estas partes, o han dado un mandato de precaución (o sea que es mejor realizarlo). La mayoría de ellos no considera obligatorio tapar estas partes y se basan en varias razones para comprobar que no lo es:

Primera razón: las narraciones que en forma clara y directa rechazan la obligación de cubrir la cara y las palmas de las manos:

– Musa'dat Ibn Zîâd dice: Escuché decir al Imâm As-Sâdiq (P) que en respuesta a la pregunta de ¿cuáles son los adornos externos de la mujer? dijo: "Se refiere al rostro y a las dos manos".[18]

El Imâm As-Sâdiq (P) en respuesta a la pregunta de que el hombre en caso de que no sea mahram que partes de la mujer puede ver, dijo: "El rostro, las dos manos y los dos pies".[19]

– 'Alî Ibn Ÿa'far relata: Pregunté a mi hermano Mûsâ Ibn Ÿa'far (P): "¿Que partes de la mujer que no es íntima puede ver el hombre?" Dijo: "La cara, las manos y el lugar de la pulsera (la muñeca)".[20]

– 'Alî Ibn Suwaîd narra que dijo al Imâm Mûsâ Ibn Ÿa'far (P): "Me atrae ver a una mujer hermosa, y me gusta verla siempre, ¿qué puedo hacer?" Me respondió: "En caso de que tu intención no sea la infidelidad no hay problema, pero ten cuidado de no fornicar, que este acto termina con la bendición y destruye la religión".[21]

– Mufaddal dice: "Dije al Imâm Ÿa'far As-Sâdiq (P): "¡Ofrezco mi vida por ti! ¿Que decís respecto a la mujer que viaja sola con un grupo de hombres no-íntimos, y en ese viaje fallece?. ¿Qué deberá hacerse en ese caso?" Contestó: "Deberán lavar las partes obligatorias del tayammum (ablución en seco), pero sin tocarlas, y no le quiten la ropa de las partes que Dios ordenó cubrir".

Mufaddal preguntó: "¿Entonces que hacen con su cuerpo?" Respondió: "Deberán lavar primero las palmas de sus manos, luego su rostro y después sobre las manos".[22]

Segunda razón: Las narraciones que no mencionan directamente la cara y las palmas de las manos, sin embargo en forma indirecta muestran que no es obligatorio cubrirlas:

– Muhammad Ibn Abî Nasr relata: Pregunté al Imâm Ridâ (P): "¿Acaso el hombre puede ver el cabello de su cuñada?" Respondió: "¡No! A menos que su cuñada sea una mujer anciana y senil". Después le pregunté: "¿Este mandato incluye a la cuñada y a las mujeres que no pertenecen a la familia y otras?" Me contestó afirmativamente. Le pregunté: "¿Entonces que parte de las mujeres ancianas puede uno ver?" Dijo: "El cabello y el antebrazo de éstas".[23]

De ahí que el narrador pregunta respecto a mirar el cabello de la cuñada, pero no pregunta nada sobre mirar la cara de ésta, evidencia que considera un asunto permitido verle el rostro, de lo contrario primeramente hubiese preguntado a este respecto. Así también el Imâm (P) da respuesta a la pregunta del narrador, respecto a la medida de lo que es permitido ver en mujeres ancianas dijo; el cabello y los antebrazos y no mencionó la cara, aclara que el permiso de ver la cara es un asunto evidente que no necesita ser mencionado, de lo contrario debió haberlo hecho.

– El Imâm Ridâ (P) dice: "Obliguen a los niños a orar a la edad de los siete años. Pero que las mujeres cubran su cabello ante él desde que este tenga su primera polución nocturna".[24]

– Abdu Ar-Rahmân relata: Pregunté al Imâm Mûsa Ibn Ÿa'far (P) respecto a la niña que no ha llegado a la edad de la pubertad: "¿En que momento debe cubrir su cabeza ante el hombre que no es mahram? Y ¿en qué momento debe cubrir su cabeza con pañuelo para realizar la oración?" Respondió: "Es obligatorio para ella cubrir su cabeza desde el momento que vea sangrado de menstruación y la oración se vuelve prohibida para ella en este estado".[25]

En estas dos narraciones se consideró obligatorio cubrir el cabello y la cabeza para la niña desde el momento que vea señales de la pubertad, pero no habla nada respecto a cubrir la cara. Mientras que si fuese obligatorio primeramente lo hubiese mencionado. De aquí se entiende que no es obligatorio para las mujeres cubrir sus rostros.

Tercera razón: Al igual que se mencionó de la frase "y no muestren más adorno que los que están a la vista" puede deducirse que cubrir las manos y la cara no es obligatorio ya que en las narraciones de los Inmaculados Imâmes de Ahle Baît (P), pintarse los ojos con surmah o colirio y utilizar anillos es uno de los ejemplos de las partes "… que están a la vista", y no es obligatorio cubrirlas. Por lo tanto no debe ser obligatorio cubrir la cara y las manos que son el lugar de estos dos adornos.

También la frase «que cubran su escote con el velo y no exhiban sus adornos» mencionada en esta aleya es una razón para mostrar que no es obligatorio cubrir la cara, ya que a las mujeres se les ha recomendado, para obtener un hiÿâb completo, echar sus velos hacia el frente para cubrir sus cuellos y escotes. Sin embargo, respecto a cubrir la cara no da ninguna orden, y esto es una muestra de no ser obligatorio. Además en la narración de Musa'dat Ibn Zîâd que fue mencionada en esta misma discusión, la misma cara y las manos son ejemplos de «los que están a la vista»

Cuarta razón: De algunas narraciones y testigos de la historia se deduce que las costumbres de las mujeres en la época del Mensajero de Dios (BP) no era cubrir sus caras, sino que se presentaban con la cara descubierta en las reuniones, calles y mercados. Los hombres veían a las mujeres, hablaban y negociaban entre sí. Escuchaban narraciones del Santo Mensajero de Dios (BP) y las transmitían a los hombres. Entre los transmisores de narraciones hay cientos de mujeres, inclusive las esposas e hijas del Mensajero de Dios (BP) no estaban excluidas de este acto. Se han transmitido cientos de narraciones de 'Aîshah, Hafsah, Umm Salmah y Fátima, y para ello era necesario ver la cara de las mujeres y escuchar su voz. Pero el Mensajero del Dios (BP) no prohibió a las mujeres cubrir sus rostros ni a los hombres ver las caras y escuchar las voces de éstas, a menos que fuese con deseo.

Ÿâbir Ibn 'Abdul.lah Ansarî narra: "En una ocasión el Mensajero de Dios (BP) fue a visitar a Fátima Zahra' (P). Yo lo acompañaba. Cuando llegó a la puerta de la casa de su hija, tocó y dijo: "As Salâm Alaîkom". Fátima (P) desde dentro de la casa dijo: "'Alaik Salâm. ¡Oh, Mensajero de Dios!" El Profeta dijo: "¿Tengo permiso para entrar?" Fátima respondió: "¡Entrad!" El Mensajero de Dios (BP) preguntó: "¿Entro con mi acompañante?" Fátima dijo: "¡Oh, Mensajero de Dios! No tengo pañuelo". Dijo: "Coloca parte de tu vestido sobre tu cabeza". Fátima así lo hizo, después el Mensajero de Dios (BP) dijo: "Asalâm Alaîkom", y Fátima (P) respondió a su saludo. En seguida el Mensajero de Dios (BP) preguntó: "¿Entro con mis acompañantes?" Respondió: "Entrad, por favor".

Ÿâbir continúa relatando: El Mensajero (BP) entró a casa de su hija y yo lo seguí. Vi el rostro de Fátima empalidecido (P). El Santo Mensajero de Dios (BP) dijo: "¡Hija mía! ¿Por qué estás tan pálida?" Respondió: "¡Oh, Mensajero de Dios! Por el hambre que siento. Este generoso levantó sus manos hacia el cielo para suplicar y dijo: "¡Oh, Dios que sacia a los hambrientos! ¡Sacia a Fátima hija de Muhammad!" Ÿâbir narra: "¡Juro por Dios! Después de la súplica del Mensajero (BP) observé nuevamente el rostro de Fátima (P), se le había quitado lo pálido y su rostro estaba sonrosado, y después de esto nunca más sintió hambre".[26]

De la narración anterior se deduce que el rostro de Fátima Zahra' (P) podía verse, puesto que Ÿâbir pudo primero ver su palidez y después de la súplica del Mensajero de Dios (BP) pudo ver el cambio de color en su rostro.

Sa'd Isqâf relata del Imâm Bâqir (P) que dijo:

"Un joven de los ansâr[27] se encontró en las calles de Medina con una mujer. En ese entonces las mujeres echaban hacia atrás sus pañuelos. El joven ansâr se le quedó viendo hasta que estuvo cerca de ésta y se cruzaron. El joven continuaba viéndola por la espalda. En ese momento se pegó en la cabeza con un hueso que estaba en la pared. Comenzó a brotar sangre de la herida, y corrió sobre su pecho y vestido. El joven dijo: "¡Juro por Dios! Me voy a quejar con el Mensajero de Dios (BP) de esta mujer".

El joven fue a ver al Profeta (BP) y éste le preguntó la causa de su estado. El joven relató lo sucedido, en ese momento el Arcángel Gabriel se apareció trayendo la siguiente aleya:

 قُلْ لِلْمُؤْمِنِينَ يَغُضُّوا مِنْ أَبْصارِهِمْ وَ يَحْفَظُوا فُرُوجَهُمْ ذلِكَ أَزْكى لَهُمْ إِنَّ اللَّهَ خَبِيرٌ بِما يَصْنَعُونَ

«Di a los creyentes que bajen la vista con recato y que sean castos. Es más correcto. Dios está bien informado de lo que hacen». (24:30)[28]

De esta narración se deduce también que las mujeres en la época del Mensajero de Dios (BP) y al inicio del Islam no sólo no cubrían sus rostros sino que echaban hacia atrás de las orejas sus pañuelos. En conclusión se veían sus orejas, aretes, cuellos y escotes. Esta fue la causa por la que el joven ansâr se quejó con el Mensajero de Dios (BP) y por la que la aleya del hiÿâb fue revelada. Esta aleya recomienda a las mujeres que echen hacia adelante las puntas de sus pañuelos y cubran sus orejas, aretes, cuellos y escotes. Un punto interesante es que no dio ninguna orden de cubrir los rostros, y esto da a entender que no es obligatorio hacerlo. La aleya del hiÿâb recomienda a los hombres y mujeres que bajen sus vistas con recto, sean castos y no miren fijamente ni con deseo para de esta forma prevenir la corrupción moral y social, así como evitar la repetición de lo ocurrido al joven ansâri.
La filosofía del Hiÿâb

Tal y como se dijo, uno de los mandatos definitivos del Islam es la obligatoriedad del hiÿâb. Aquí se presenta una pregunta importante y ésta es ¿Qué es el hiÿâb y porqué el Islam privó de libertad a las mujeres cuando lo hizo parte de sus leyes? Y ¿Acaso no es esto opresión a la mujer?

En respuesta debemos decir que el propósito del Islam al hacerlo parte de sus leyes fue fortalecer los fundamentos sagrados de la familia e impedir cualquier desviación sexual así como evitar los problemas derivados de esto, proveer la salud y la seguridad de la sociedad, ayudar a la purificación del ambiente y disminuir la corrupción moral. Esta medida de limitación no sólo no perjudica a las mujeres sino que las beneficia tanto a ellas como a sus hijos y esposos, así como a todos los demás integrantes de la sociedad.

Para evidenciar este asunto mencionamos algunos puntos importantes en forma introductoria:

Primer punto: Teniendo en cuenta que el hombre y la mujer son dos pilares importantes de la sociedad, y que la felicidad y tranquilidad individual de cada uno de ellos depende en gran parte de la inmunidad, seguridad y purificación del medio ambiente del lugar donde viven, se les ha dado la responsabilidad de proporcionar salud y seguridad a la sociedad así como purificar el ambiente de cualquier corrupción. Para alcanzar este objetivo deberán ayudarse y cooperar entre sí mismos.

Segundo punto: La mujer es un ser delicado y tierno. Por naturaleza le gusta arreglarse, maquillarse, adornarse, le gusta el lujo, exhibirse y coquetear. Quiere conquistar los corazones de los hombres. Por otra parte, el hombre es un ser ansioso, le gusta la variedad y es completamente débil ante los instintos sexuales. Sus instintos sexuales se estimulan fácilmente y pierde el control. Cuando pierde el control y se excita esta fuerza rebelde, por lo general su intelecto, canon y religión no pueden controlarlo.

Todas las partes de la mujer excitan al hombre en especial al hombre joven: los adornos que usa, los bellos vestidos, su voz delicada, su coquetería y seducción, su cuerpo, su cabello e inclusive el calor de su cuerpo pueden estimular ese instinto rebelde.

Tercer punto: En la sociedad existen jóvenes y muchos hombres que debido a la pobreza, desempleo, pocos ingresos, estudios, servicio militar o por cualquier otra razón no pueden contraer matrimonio. Son muchas las personas en la sociedad que se encuentran en esta crisis de la adolescencia cuando despiertan los instintos sexuales. La situación deplorable de estas personas tampoco puede pasarse por alto, ya que los hijos de estos padres y madres son personas que componen esta sociedad.

Prestando atención a lo que se ha dicho, surge la siguiente pregunta; ¿Qué beneficio tienen las mujeres en el libertinaje en cuanto a la forma de vestir y que beneficio hay en vestir el hiyab aunque haya que soportar un poco de limitación?

Para poder entender la respuesta correcta es mejor que analicemos y comparemos el pro y contra de dos sociedades imaginarias.

1. Una sociedad en la cual las mujeres desde el punto de vista del vestir y la interacción con los hombres cuentan con libertad absoluta. Para satisfacer los instintos naturales que hay en las mujeres, como por ejemplo el exhibir su belleza, sale de la casa maquillada, con poca ropa y casi desnudas, con ropas que llaman la atención. Se pasean por las calles, mercados, avenidas, oficinas, tiendas, universidades, colegios, hospitales, reuniones y mantienen relaciones y contacto con hombres no íntimos para ella.

Casi desnudas, bellas y seductoras, coquetean con los hombres no-íntimos. A cualquier lugar que van son deseadas. Si son solteras, con total libertad andan por las calles hasta caída la noche, en los cines, bailando en discotecas, vagando en los parques y por las calles. Si están casadas, con su esposo o sin él y sólo con el pretexto de "libertad", van a todos lados.

En una sociedad como ésta las mujeres son libres de vestir como quieran, muestran desenfreno en su conducta, salen de sus casas, tienen trato con los hombres no-íntimos y mantienen relaciones sexuales, pero estas libertades se presentan con las siguientes consecuencias:

Debilitación de los fundamentos sagrados de las familias, desinterés del hombre y la mujer hacia su hogar y familia, desconfianza mutua, conflictos y problemas familiares, incremento de la existencia de niños ilegítimos sin protección y jóvenes vagabundos, alto porcentaje de enfermedades psíquicas, numerosos crímenes, asesinatos y suicidios, incremento de mujeres y hombres solteros.

Contraer matrimonio en una edad avanzada, desinterés tanto de los jóvenes como de las jóvenes para formar una familia. Inclinación de los jóvenes a diferentes corrupciones morales y desviaciones sexuales. Aumento en las estadísticas de divorcios y separaciones. Incremento de hombres y mujeres que tienen que vivir solos.

En los países occidentales uno puede observar ejemplos como estos de familias desintegradas en la sociedad.

¿Acaso sociedades como estas benefician a las mujeres, hombres y jóvenes? Si dejamos de un lado el sentimentalismo la respuesta será negativa.

2. En esta sociedad las mujeres juegan un papel activo dentro del escenario de la vida, respetan las posibilidades y acuerdos, aceptan empleos y cumplen sus obligaciones en las escuelas primarias, bachilleratos, universidades, centros de investigación, hospitales, clínicas, laboratorios, hospitales de maternidad, centros de legislación, ministerios y demás cargos importantes. Las mujeres, al igual que los hombres, son numerosas y respetan por completo el vestirse con decoro (hiÿâb) dejando ver únicamente sus rostros y manos. Ellas no se maquillan ni adornan para exhibirse en la sociedad ni en el lugar donde trabajan. Salen de sus hogares cubiertas, sencillas y sin maquillaje. Brindan a sus esposos sus adornos, maquillaje y coquetería dentro de sus casas. Ellas aceptan estas limitaciones con completo acuerdo y devoción para que el ambiente en la sociedad se mantenga puro y saludable de los factores de descarrío y corrupción. Este acto lo realizan para respetar la situación de los jóvenes y hombres que carecen de las posibilidades de contraer matrimonio. Ellas respetan el hiÿâb para no ser vistas por los hombres no-íntimos y evitar que éstos pierdan interés en sus esposas y así por medio de pretextos transformen el calor hogareño en escenas de disputas y luchas.

Aceptan estas restricciones para proteger a los jóvenes, mujeres y hombres –hijos de estas mismas mujeres– de la corrupción, desviaciones sexuales y enfermedades sicológicas. Admiten estas limitaciones para ayudar al fortalecimiento de los fundamentos de las familias y a disminuir el número de divorcio, de vidas solitarias y de niños tristes y sin protector.

En esta sociedad la mayoría de los hogares son cálidos y los miembros de la familia amables entre sí. La relación entre la mujer y hombre son más bien buenas y existen menos problemas. La corrupción moral y desviación sexual entre los jóvenes es relativamente poca. Los jóvenes muestran interés en contraer matrimonio y formar un hogar sagrado. Las estadísticas de divorcio y la existencia de hombres y mujeres solteros no son altas. Existen menos niños sin protector y callejeros.

En esta sociedad los padres y madres tienen más seguridad de que sus jóvenes no se contaminarán con cualquier corrupción moral, desviación sexual y enfermedades psíquicas. ¿Cuál de estas dos sociedades es más favorable para las mujeres? Todo ser humano prudente considera la segunda sociedad mejor y más saludable que la primera.

El Islam también considera la vida de la segunda sociedad mejor y más saludable, y por ello puso al hiÿâb dentro de sus leyes, y pidió a las mujeres que lo respeten y sus adornos y bellezas las cubran ante los ojos de los hombres no-íntimos.[29]

El Mensajero de Dios (BP) prohibió a las mujeres embellecerse para otros que no sean sus esposos y dijo:

"Aquélla mujer que se embellezca para un hombre que no sea su esposo, merece que Dios la queme en el fuego del Infierno".[30]

El Imâm Bâqir (P) dijo:

"Cuando la mujer sale de su casa no deberá perfumarse".[31]

Así también dijo:

"No es permisible que la mujer dé la mano a un hombre no-íntimo, a menos que su mano esté cubierta".[32]

El Islam, para purificar el ambiente social, no solo se limitó a la ley del hiÿâb impuesta para las mujeres, sino que también recomendó a los hombres que no miren fijamente a las mujeres no-íntimas y bajen la vista con recato.

El Sagrado Corán dice:

 قُلْ لِلْمُؤْمِنِينَ يَغُضُّوا مِنْ أَبْصارِهِمْ وَ يَحْفَظُوا فُرُوجَهُمْ ذلِكَ أَزْكى لَهُمْ إِنَّ اللَّهَ خَبِيرٌ بِما يَصْنَعُونَ

«¡Oh, Mensajero! Di a los creyentes que bajen la vista con recato y guarden sus partes privadas. Eso es más correcto para ellos. Dios está bien informado de lo que hacen». (24:30)

El Imâm As-Sâdiq (P) dijo:

"Ver a una persona no-íntima es un flechazo venenoso por parte del Demonio, y muchas veces sucede que una mirada tiene como consecuencia una gran lamentación".[33]

Este mismo Imâm también dijo:

"Ver a una persona no-íntima es un flechazo venenoso por parte del Demonio, aquél que por complacer a Dios lo evite experimentará el placer de la seguridad y fe".[34]

Imâm As-Sâdiq (P) dijo:

"Mirar después de la primera mirada, cultiva el deseo sexual. Y es suficiente para que su propietario caiga en la sedición".[35]

Así también dijo:

"Aquél que mire a una mujer no-íntima, voltee su mirada hacia el cielo o baje su mirada, Dios como recompensa de este acto le dará una hurí en el Paraíso".[36]

El Mensajero de Dios (BP) dijo:

"Cualquier hombre que de la mano a una mujer no-íntima, el día de la Resurrección lo echarán a las llamas del Fuego con las manos atadas".[37]

Así también este honorable dijo:

"Aquél que bromee con una mujer que no sea su esposa, Dios por cada palabra que habló con ella el día de la Resurrección lo aprisionará mil años".[38]

El Príncipe de los Creyentes, 'Alî (P) dijo:

"Ningún hombre deberá estar solo con una mujer no-íntima que en este caso el Demonio será el tercero entre ellos (para tentarlos)".[39]

El Imâm Mûsâ Ibn Ÿa'far (P) de sus ancestros y éstos a su vez del Mensajero de Dios (BP) relata:

"Aquél que tenga fe en Dios y en el día de la Resurrección, que no duerma en un lugar solo en el que puede escuchar las respiraciones de una mujer no-íntima".[40]

 

 

[13]- N.T. "Hombre mahram" o "íntimo" en el Islam es el pariente cercano tal y como el padre, el abuelo, el hermano, el esposo, los hijos e hijastros, los tíos paternos y maternos, los sobrinos carnales y el suegro así como los ancestros del suegro. Y "hombre no mahram" o "no-íntimo" son todos los demás hombres que no cuentan con un parentesco como el mencionado.
[14]- N.T. Alheña - Arbusto oleáceo, de flores pequeñas y olorosas, cuyas flores reducidas a polvo se usan para teñir.
[15]- Wasâ'il Ash-Shî'ah, t.20, p.201.
[16]- Ídem.
[17]- Maÿma' Al Baîân, t.7, p.138.
[18]- Wasâ'il Ash-Shî'ah, t.20, p.212.
[19]- Wasâ'il Ash-Shî'ah, t.20, p.201.
[20]- Nûr Az-Zaqalâin, t.3, p.590.
[21]- Ídem.
[22]- Wasâ'il Ash-Shîâh, t.20, p.522.
[23]- Wasâ'il Ash-Shîâh, t.20, p.199.
[24]- Wasâ'il Ash-Shîâh, t.20, p.229.
[25]- Wasâ'il Ash-Shîâh, t.20, p.228.
[26]- Tafsîr Nûr Az Zaqalaîn, t.3, p.587.
[27]- N.T. Fue la denominación que recibieron los musulmanes de la ciudad de Iazrib (luego llamada Medina) que acogieron al Profeta y lo secundaron tras su emigración de la Meca.
[28]- Tafsîr Nûr Az Zaqalaîn, t.3, p.588.
[29]- Sura An Nûr (24:31).
[30]- Wasâ'il Ash-Shî'ah, t.20, p.212.
[31]- Wasâ'il Ash-Shî'ah, t.20, p.220.
[32]- Wasâ'il Ash-Shîâh, t.20, p.222.
[33]- Wasâ'il Ash-Shî'ah, t.20, p.191.
[34]- Wasâ'il Ash-Shîâh, t.20, p.192.
[35]- Ídem.
[36]- Wasâ'il Ash-Shî'ah, t.20, p.193.
[37]- Wasâ'il Ash-Shîâh, t.20, p.198.
[38]- Wasâ'il Ash-Shîâh, t.20, p.198.
[39]- Mustadrak Al Wasâ'il, t.14, p.265.
[40]- Wasâ'il Ash-Shî'ah, t.20, p.185.