La Mujer y la Libertad

La Mujer y la Libertad

La mujer al igual al hombre, fue creada libre y desea vivir sin la intervención de los demás. El deseo de vivir en libertad es un deseo natural y legítimamente religioso. Pero ¿acaso puede el ser humano vivir libremente en la sociedad?

El ser humano necesita de sus semejantes, deberá respetar los derechos y los deseos de éstos, y restringir sus libertades en lo establecido dentro su sociedad. Este tipo de limitaciones no son perjudiciales para el ser humano, sino por el contrario son benéficas para éste. Además vivir con libertad ilimitada y seguir los deseos concupiscentes de su alma en ocasiones termina perjudicándolo en forma grave. En estos casos deberá aceptar los límites, puesto que son a favor de su verdadero beneficio.

El Islam además de respetar el derecho de libertad del ser humano, considera imposible e inconveniente la libertad absoluta. Libertad que no es provechoso ni beneficiosa para el individuo ni para la sociedad. Por ello tomando en cuenta los beneficios corporales y espirituales de este mundo y de la otra vida, tanto desde el punto individual como social de los seres humanos, los preceptos y las leyes así como las obligaciones dentro de la ley islámica, limitan la libertad de éstos. Es posible que algunas limitaciones de la ley islámica no sean del agrado total de la gente y las consideren un estorbo para su libertad. Esta forma de juzgar se deriva de la falta de conocimiento correcto del individuo respecto a lo verdaderamente conveniente para sí mismo.

Si el ser humano estuviese consciente de lo verdaderamente beneficioso que son las limitaciones de las leyes islámicas para su vida, no las consideraría un obstáculo para su libertad y gustoso las aceptaría.

La situación es similar respecto a la libertad de las mujeres. El Islam considera digna la libertad de la mujer y la respeta en sus leyes –con la condición de que no afecte su verdadero beneficio y el de la demás gente de la sociedad–. Sin embargo, prefiere la limitación cuando la libertad se encuentre en contra de su beneficio verdadero. A continuación mencionamos algunas de las libertades con que cuenta la mujer de una manera resumida.

1. Libertad para Laborar. Como dijimos anteriormente, el Islam considera a la mujer uno de los pilares de la sociedad y le ha concedido una serie de obligaciones. La mujer no puede ni debe ser un miembro estático una existencia ineficaz e inútil. El Islam considera al trabajo como una obligación y uno de las mejores adoraciones, alejando a sus seguidores de la ociosidad e inactividad, así como de ser sólo un consumidor. Hay numerosas narraciones acerca de este tema y a continuación mencionamos algunas:

El Mensajero del Islam (BP) dijo:

"La adoración está compuesta de setenta partes, y buscar el sustento halâl o permisible es la mejor de éstas".[5]

El Imâm Musa Ibn Ÿa'far dijo:

"A Dios, Honorado y Glorificado sea, le indigna el siervo haragán y ocioso".[6]

"Trabajar" desde el punto de vista del Islam no es un derecho sino una obligación, y no hay diferencia entre mujer y hombre desde este punto de vista. La mujer también debe cumplir con su obligación social y es libre para elegir la profesión que desee. Pero, teniendo en cuenta su contextura corporal especial y espiritual, ejercer cualquier empleo no está al nivel de su dignidad ni conveniencia, ni tampoco lo es para los demás integrantes de la sociedad. Ella es un ser delicado, suave y bello, y es esta misma delicadeza y belleza la que es atractiva para el hombre e influye en él, por ello al elegir un empleo debe procurar que éste no dañe su belleza. Realizar trabajos duros, difíciles y agotadores no son convenientes para las mujeres, tales como: conducir camiones, trabajos nocturnos, trabajar en las minas, siderúrgicas, fábricas de cemento y de autos, agricultura, ganadería y parecidos a éstos. Ejercer este tipo de trabajos sobrepasa el poder de las mujeres, y pone en peligro la belleza, delicadeza y atracción de éstas, no siendo conveniente para ellas ni para sus esposos. Esta es la razón por lo que el Islam recomienda a los hombres que no obliguen a las mujeres a realizar trabajos difíciles.

El Príncipe de los Creyentes, 'Alî (P), dijo a su hijo Imâm Hasan (P):

"No obligues a la mujer a realizar trabajos que sobrepasan sus fuerzas. Es mejor para su salud, tranquiliza su corazón y mantiene su belleza.

La mujer es delicada y se asemeja a una flor, y ella no es un combatiente".[7]

Otro tema importante es que la delicadeza, belleza y atracción de la mujer, al igual que la debilidad de la mayoría de los hombres ante las excitaciones sexuales, es un asunto natural. Por lo tanto es a favor de las mujeres y de la sociedad que acepten empleos en donde el contacto con los hombres se menor, para así evitar los posibles peligros que puedan dañar su fe y reputación, y en esta forma ayudar al bienestar y castidad de la sociedad, en especial al grupo de los jóvenes y hombres solteros.

Debe ponerse atención en un punto importante, y éste es que la mujer es un ser emocional y por lo general los efectos sentimentales influyen en ella mas que en el hombre. Basados en esto no es conveniente para ella, ni para la sociedad, que desempeñe empleos en los que necesite de más fuerza y rudeza, tales como; empleos militares, policíacos y de jurisdicción.

Otro punto al que la mujer debe poner atención al elegir un empleo es la situación de los hijos, así como el cuidado y la protección de la familia. En caso de que la mujer sea casada y tenga hijos deberá percatarse que tiene una obligación más importante, y ésta es cuidar su matrimonio y la correcta educación de los hijos, acto que la creación hizo especial para ella. Es cierto que ella es libre para elegir un oficio, pero deberá elegir uno que no turbe los fundamentos cálidos de la familia, no prive a los hijos de amor, de afecto maternal ni de una educación correcta.

En este caso lo importante es que exista armonía y acuerdo. El hombre también deberá dejar a un lado cualquier obsesión carente de fundamentos, egoísmo, sentimiento de superioridad y carácter patriarcal, y según lo conveniente, y dictaminado con justicia permitir a la mujer que ejerza un oficio adecuado.

2. Libertad a tener propiedad. El Islam respeta la propiedad de la mujer tal y como la del hombre. La mujer puede a través del trabajo, comercio, empleo de oficina, dote, regalo y cualquier otro camino legítimo, obtener una propiedad, ser su dueña y beneficiarse de sus ganancias. Nadie tiene derecho a apoderarse de su riqueza sin su anuencia, sea su padre, madre, esposo o hijos.

El Sagrado Corán dice:

وَ لا تَتَمَنَّوْا ما فَضَّلَ اللَّهُ بِهِ بَعْضَكُمْ عَلى بَعْضٍ لِلرِّجالِ نَصِيبٌ مِمَّا اكْتَسَبُوا وَ لِلنِّساءِ نَصِيبٌ مِمَّا اكْتَسَبْنَ وَ سْئَلُوا اللَّهَ مِنْ فَضْلِهِ إِنَّ اللَّهَ كانَ بِكُلِّ شَيْ‏ءٍ عَلِيماً

«No codiciéis aquello por lo que Dios ha preferido a unos de vosotros más que a otros. Los hombres tendrán parte según sus méritos y las mujeres también. Pedid a Dios de Su favor. Dios es omnisciente». (4:33)

3. Libertad para elegir esposo. La mujer al igual que el hombre tiene total libertad para elegir a quien será su esposo. Es incorrecto casar sin su consentimiento a una mujer que ha llegado a su adolescencia. Nadie tiene derecho a obligarla a elegir a un hombre o a casarse con él, inclusive ni siquiera el padre, la madre, el abuelo o hermano.

El Imâm As-Sâdiq (P) dijo:

"Obtened consentimiento para casar a la mujer virgen y a la que no lo es (divorciada o viuda), y el matrimonio sin su consentimiento es incorrecto".[8]

Dijo el Imâm As-Sâdiq (P) respecto a un hombre que quería casar a su hermana:

"Deberá pedirse permiso a la misma mujer; si guardó silencio y no respondió, su silencio es su aceptación. Pero de cualquier forma sin su consentimiento no es correcto el compromiso".[9]

Por lo tanto para que el vínculo matrimonial sea correcto es necesario el permiso de la mujer, ya sea virgen o no.

Aquí se presenta una pregunta y ésta es: ¿Acaso para que el matrimonio de la mujer virgen sea correcto además de su propio consentimiento es necesario también el permiso del padre o abuelo?

En respuesta a esta pregunta se ha hablado detalladamente llegando a la conclusión de que si la mujer no es virgen no necesita del permiso del padre o abuelo, y ella misma en este caso puede decidir por sí sola. En las narraciones también se ha mencionado este asunto en forma directa.

El Imâm As-Sâdiq (P) respecto al matrimonio de una mujer que no es virgen dijo:

"Ella tiene autoridad sobre sí misma, más que cualquier otra persona. En caso de que antes hubiese contraído matrimonio ella puede elegir al hombre que quiera –mientras ocupe un nivel social similar al de ella– para volver a casarse".[10]

El Imâm As-Sâdiq (P) dijo:

"La mujer que no sea virgen puede contraer matrimonio sin el consentimiento del padre, mientras que no haya impedimento para ello".[11]

La mayoría de los jurisconsultos consideran que es necesario el permiso del padre o abuelo para que el matrimonio de la mujer virgen sea correcto. Para ello se basan en algunas narraciones.

El Imâm As-Sâdiq (P) dijo:

"La mujer virgen que tiene padre no debe casarse sin el consentimiento de éste".[12]

La libertad de una mujer virgen, sólo en el caso que quiera elegir a su pareja, se limita al permiso del padre o abuelo. Pero esta limitación no es una desventaja para ella sino que más bien termina beneficiándola. La mujer virgen como consecuencia de que antes no había contraído matrimonio carece de experiencia en este asunto, y por la integridad e inhibición que tiene no puede investigar en forma exacta respecto a su pretendiente. Ella necesita de un consejero compasivo, amable y con experiencia para que le aconseje. El padre y el abuelo son las mejores personas que pueden ayudar a la mujer en este caso tan importante y decisivo para su futuro.

Además consultar y obtener el permiso del padre tiene otros beneficios y estos son: respeto hacia el padre, y la obtención del consentimiento y de su ayuda. Sin duda este "permiso" provoca un gran efecto en el fortalecimiento de las relaciones familiares y del futuro de la vida de la hija y del yerno, así también en la resolución de los posibles problemas.

Es necesario mencionar que existen dos excepciones para esta norma:

Primera cuando no tenga acceso al padre o al abuelo para obtener su permiso. Y segunda cuando la mujer tenga necesidad de casarse, el pretendiente que tiene es adecuado, pero el padre sin razón pone pretextos y ha rechazado a todos los pretendientes anteriores. Sólo en estos dos casos los jurisconsultos permiten a la mujer casarse con el hombre que elije sin el consentimiento del padre.

4. Libertad de estudiar. Si la mujer es soltera, puede estudiar y nadie tiene derecho a oponerse. Pero si la mujer está casada y tiene esposo, deberá respetar los derechos de su esposo y sus hijos, consultar con su esposo y llegar a un acuerdo para continuar sus estudios.

5. Libertad para elegir la vivienda. Si la mujer no tiene esposo es completamente libre para elegir el lugar donde vivir. Pero si es casada deberá aceptar lo que decide su esposo en cuanto al barrio y el lugar donde vivir. Preparar la vivienda es una de las responsabilidades y decisiones que asume el hombre. Claro está la vivienda debe ser digna del estatus de la familia y dentro de las posibilidades monetarias del hombre asegurando la tranquilidad de ésta. En caso de que vivan en casa del los padres del hombre o en forma colectiva con otros, pero la mujer por falta de tranquilidad pide una vivienda privada, el hombre deberá aceptar si se encuentra dentro de sus posibilidades. Así también si su vivienda es pequeña o alguien les molesta, la mujer puede pedir que cambien de vivienda en caso de que se encuentre dentro de sus posibilidades, el hombre deberá aceptar su petición ya que todos estos son motivos para mejorar las relaciones.

Dios, Altísimo sea, en el Sagrado Corán dice:

وَ عاشِرُوهُنَّ بِالْمَعْرُوفِ

«Comportaos con ellas como es debido». (4:19)

Así también dice:

 وَ لا تُضآرُّوهُنَّ لِتُضَيِّقُوا عَلَيْهِنَّ

«¡No les hagáis daño con ánimo de molestarlas!». (65:6)

Aunque uno de los derechos que el hombre tiene es elegir la vivienda, no obstante, la mujer puede proponer el lugar donde desea vivir cuando se realiza el contrato matrimonial, o hacerlo como un derecho de sí misma. En caso de que el hombre acepte, éste tiene la obligación de cumplir lo que diga la mujer y si no lo hace es un pecador.

 

[5]- Al-Kafî, t.5, p.78.
[6]- Al-Kâfî, t.5, p.84.
[7]- Wasâ’il Ash-Shî'ah, t.20, p.168.
[8]- Wasâ'il Ash-Shî'ah, t.20, p.284.
[9]- Wasâ'il Ash-Shî'ah, t.20, p.274.
[10]- Wasâ'il Ash-Shî'ah, t.20, p.269.
[11]- Wasâ'il Ash-Shî'ah, t.20, p.272.
[12]- Wasâ'il Ash-Shî'ah, t.20, p.270.